| Lección de Obediencia.
Me encontraba sola en casa durante todo el fin de semana,
y a pesar de todas las cosas que tenía que hacer, no
tenía ganas de nada, así que perdía el
tiempo intentando leer un libro que había comenzado
tiempo atrás.
Aquella tarde cuándo el teléfono sonó,
consiguió sobresaltarme, era una de ésas tardes
en las que no pasa nada que nos dé energía para
movernos, excepto, claro, una llamada como la que estaba a
punto de recibir.
Ring, ring... silencio...
¡Mi AMO!
Salto del sofá donde trataba de leer y miro la pantalla
de mi móvil, empiezo a sentir un cosquilleo muy agradable
de anticipación, y mientras marco su número,
siento el coño mojándoseme de manera indiscutible.
Una señal, dos... No llega a sonar la tercera...
- ¿Si?
- Buenas tardes, Mi Amo. ¿Cómo está?
- Bien putita, ¿ y tu?
- Muy bien, Señor. Gracias por llamar.
- Mmmmm parece que la putita está alegre de escuchar
a su Dueño.
- Siempre, Mi Señor.
- Perfecto. Hoy haremos algo más que hablar, me apetece
usarte, zorra.
- Sabe que siempre estoy dispuesta para VD. Mi Amo.
- Bien, atenta: Tienes una hora para ducharte, maquillarte
discretamente, ponerte el vestido rojo de tirantes finos y
las sandalias negras de tacón alto. Los labios bien
rojos. ¿Has entendido?
- Si, Mi Amo.
- Llamaré y bajarás. No me hagas esperar o tendré
que castigarte.
- Su puta estará preparada para VD. Señor.
- Hasta luego, mi perrita obediente.
¡Bueno! Escuchar el clic de la llamada finalizada y
ponerme en marcha es todo uno. Mientras me doy una ducha rápida
repaso mentalmente lo que he de hacer. Palpo mi coño
y paso la cuchilla por él hasta dejarlo perfectamente
depilado y suave. Apenas me maquillo, recojo el pelo y me
visto. Por ultimo me calzo y espero mientras decido si ponerme
unas gotas de perfume o no.
Hace demasiado calor para uno fuerte, de forma que me decido
por uno fresco.
Suena el timbre y bajo. Me espera en el coche, entro, me siento
sobre la tapicería, y pongo mis manos a la espalda,
como tengo ordenado hacer. Mi Amo se ocupa de ponerme el cinturón
de seguridad, arregla mi falda para dejar el coño bien
accesible y pone el coche en marcha.
No hablamos mientras conduce, pero yo he de ahogar los gemidos
que me provocan sus dedos inquietos en el coño; le
gusta acariciarlo mientras conduce, también cuando
estamos en la casa, en el sofá o la cama y hablamos
de lo que sea...
dice que le calma el tacto de un coño suave. En esos
momentos tengo orden de no gemir ni hablar.
Me cuesta; Dios y él saben lo que me cuesta, porque
soy una puta caliente y entregada y sus manos lo que más
deseo sentir sobre mi. Apenas un roce y me enciende entera,
y lo sabe, y... disfruta de mis esfuerzos para no moverme,
gemir o correrme.
Llegamos al centro. Ha reservado mesa en un restaurante pequeño
e intimo donde cenamos a la luz de las velas. De cuando las
mira y me mira... se sonrie sabe que adoro que me bañe
en cera, que me decore a su gusto con cera caliente y le miro
esperanzada, pero sonriendo niega con la mirada. Sabe que
estoy intrigada y que eso me excita más.
La cena discurre con normalidad, la charla es ligera y no
da indicios de lo que me tiene preparado para más tarde.
Al terminar estoy medio
desquiciada de los nervios. Me guía fuera pero no vamos
hacia el coche, caminamos por la misma calle y entramos en
una especie de disco bar que tiene una pequeña pista
de baile alrededor de la cual las mesas quedan en una zona
más oscura. Elige mesa y pide unas bebidas. Luego me
pide que baile para él; sé cómo le gusta,
quiere a su puta insinuante, lenta, moviendo las caderas,
ofreciéndoselo todo... Obedezco, ni me fijo en si hay
alguien más, para mi sólo existe él,
Mi Amo, Mi Norte y Mi Destino.
Me da permiso para sentarme, he de hacerlo como es preceptivo;
piernas separadas la falda tensa para que no oculte nada...
Bebo un sorbo y dejo mi mirada vagar por el local, hay un
grupo de hombres justo enfrente de nosotros, me miran fijamente
y me incomodan.
- Amo, por favor... ¿me da permiso para cerrar las
piernas?
- ¿porqué, putita?
- Aquellos hombres de enfrente, Señor, no paran de
mirarme.
- ¿Seguro?
- Si, MI Señor. Por favor, se lo ruego, ¿me
lo permite?
- No, perrita. Parecen intrigados, ¿verdad? Seguro
que están intentando
adivinar si llevas ropa interior o no...
- ¡Señor...!
- Saquémosles de la duda. Ve puta, acércate
a ellos, alza tu vestido y
muéstrales el coño desnudo y pelado.
- No, Mi Amo, por favor...
- No debo haber oido bien... ¿Has dicho, no?
-Perdón, Mi Señor.
- ¡OBEDECE, PUTA!
- Si, Amo.
Me levanto, atravieso la pista y me acerco a su mesa. Estoy
muerta de vergüenza, humillada como mujer y como puta,
tomo mi vestido y empiezo a levantarlo, pero no puedo... ¡Mi
Amo...! Le miro y él sólo da un sorbo a su bebida.
He de hacerlo, pero es superior a mi. Derrotada regreso a
la mesa y casi llorando le digo a Mi Señor que me es
imposible hacer eso. Sé que probablemente me castigará
por ello, pero prefiero el castigo a tener que exhibirme asi.
No dice nada, sólo me mira. Tiemblo, no sé
qué va a hacer, pero sé que es capaz de llevarme
a rastras hasta allí, levantarme la falda él
mismo y mostrarles mi coño sin problema alguno mientras
les dice lo puta y desobediente que soy.
No lo hace, y eso casi me pone más nerviosa. Me mira
y fuma
tranquilamente, acaba su bebida y pronuncia un seco: vamos,
puta.
Salgo detrás de él, camino a pocos pasos de
distancia, es el primer
indicio de castigo, cuando me trata como la puta perra sumisa
que soy en su presencia. Llegamos al coche, repite el ritual,
pero abre mi vestido sacando mis senos y sube la falda hasta
mi cintura. Su voz es fria como el hielo al reprenderme:
-¿ La puta ha decidido desobedecer?
- Amo, yo...
- Cállate, ni una palabra, ¿entendido? No te
atrevas a abrir la boca, zorra.
¿Quieres seguir siendo mía?
Asiento con un movimiento de cabeza.
- Sabes que recibirás un castigo y que será
duro, ¿verdad?
Asiento de nuevo.
- ¿estás dispuesta a aceptarlo para seguir siendo
mía?
Asiento por tercera vez.
- Bien. Ya te comunicaré cómo y cuándo
serás castigada. Ahora ve a casa a reflexionar sobre
tu comportamiento porque he perdido toda gana de usar a una
puta tan desobediente como tu.
Regreso a casa con un gran peso sobre mi. ¿Como he
podido negarme a algo que pida Mi Amo? Mi entrega a él
y sus deseos hace tiempo que carece de límites; Espero
que, al menos, sea rápido en ejecutar el castigo, porque
no podrévivir con ésa incertidumbre mucho tiempo.
Pasa un tiempo sin noticias suyas. Estoy al borde de la desesperación...
Suena el teléfono...
Ring... ring...
Es él. Marco su numero y, atenta, espero sus instrucciones.
- Buenas tardes, Mi Señor, por favor, disponga de su
puta.
- Estáte preparada igual que la última vez,
para dentro de una hora. Tienes prohibido hablar hasta que
te autorice a hacerlo.
Click...
Me prepara de nuevo.¿Va a repetir? ¿A darme
la oportunidad de rectificar? ¿Es ese el castigo?
Cuando el timbre suena, prácticamente vuelo a reunirme
con él lo antes posible. Entro en el coche en silencio,
está serio, muy serio y apenas me mira. Me pasa la
venda de los ojos y me la pongo en silencio, luego me coloco
en la posición habitual, me pone el cinturón
y arranca. Hoy no me acaricia el coño hasta después
de un rato y no es suave. Tiene derecho a estar enfadado con
la puta que rogó que la acogiera prometiéndole
que nunca le negaría nada.
Para el coche y me saca de él. Me guia y entramos en
un portal, subimos unas escaleras y luego llama a una puerta.
Abren al otro lado. Una voz de hombre nos recibe. ¡Oh,
Dios!, ¿va a
cederme o compartirme como castigo? Quiero gritar: No, Mi
Amo, por favor, asi no. Habíamos hablado de ésa
posibilidad, pero no asi, como castigo. Empiezo a sollozar
hasta que su mano me tapa la boca y su voz me susurra:
- Ni un solo sonido saldrá de mi puta hasta que yo
lo autorice o te aseguro que terminarás la noche sin
Amo.
Respiro hondo y asiento. Es malo pensar en ser usada por
otros aunque sea en su presencia, pero todavía es mucho
peor imaginarme sin él. Caminamos hasta una habitación,
me deja sola, supongo que en el centro. Hay más gente,
los susurros los delatan.
- Una puta preciosa, felicidades, Alberto.
- Si, no está nada mal... gira para que podamos verte
bien zorra.
- ¡Obedece!
Giro sobre mi un par de veces.
- Ahora desnúdate.
Dudo un par de segundos y Mi Amo se acerca y me susurra al
oido: No se te ocurra dejarme en evidencia ante mis amigos,
obedece cada orden que recibas de mi o de ellos.
Empiezo a desnudarme, quedo expuesta ante no sé cuantos
desconocidos. y rompo a llorar cuando empiezan a manosearme
. Se rien de mi incomodidad al tiempo que felicitan a mi Amo
por haberse hecho con una puta de mis características.
Me atan las manos y me llevan a un sofá, allí
soy detenidamente
inspeccionada por todos lados, por mucha gente. Me llevan
al centro de la habitación y me arrodillan, enseguida
noto unas cuantas pollas rozándome la cara, no he de
mamarlas, sólo me follan la boca durante tanto tiempo
que acaba por dolerme la boca.
Luego me colocan atada sobre una mesa, bien abierta y uno
tras otro me follan también por el coño y el
culo, nadie se corre, eso puedo notarlo.
Estoy rota, agotada y humillada al limite de mi resistencia.
No creo que pueda soportar mucho más, pero Mi Amo tiene
otros planes para mi. Me desata, me coloca en el centro de
la habitación de nuevo y alza mis brazos mientras alguien
coloca una barra entre mis piernas.
- Ahora, el espectáculo final -anuncia.
Entonces comienza a azotarme la espalda, el culo, las piernas,
el coño
abierto, el vientre, los pechos... no puedo callar másss...
Como si escuchara mi grito silencioso mi Amo se acerca a
mi y me dice:
- Ahora, puta, puedes gritar cuanto desees.
Y vuelve a azotarme por todas partes. Es un desahogo tremendo
poder gritar pero tengo la boca seca y apenas emito más
que un ronco gemido interminable.
Cuando termina me desatan y caigo arrodillada en el suelo,
sin fuerzas, sin más lágrimas y llena de dolor...
De repente infinidad de chorros espesos comienzan a caer sobre
mi y quedo alli sucia, marcada y humillada mientras los presentes
felicitan a Mi Amo y algunos de ellos se ofrecen para pagar
por usarme alguna vez más.
Mi Amo se arrodilla a mi lado y calma mis dolores como sólo
él sabe
hacerlo. Un paño húmedo recorre mi cuerpo, me
refresca y hace que me sienta humana otra vez. Pero todavía
no me siento bien, necesito otra cosa...
- Por favor, Mi AMo, perdóname...
- Shhhhh, mi putita. Has estado perfecta esta noche, estoy
muy
orgulloso de ti. Estás perdonada. Sé que ha
sido duro, pero tenias que
aprender a obedecer.
- Nunca más me negaré a nada, Mi Señor,
se lo prometo.
-Lo sé putita. Vamos, vístete, ahora tu Amo
cuidará de ti.
Y... asi fue... |